poema emigrante

hay alcohol en las aceras y en los ojos de la gente

uele a humo, más cerca y más lejos de mi

la saliva de otros deja caminos en la piel

que nos llevan a un secreto no demasiado importante.

sudamos nicotina.

vemos un cuerpo desnudo y lo despreciamos.

y piensas en ti y en mi , en él y en ella.

descubrimos nuestros sexos,

somos tejidos de lo que un día nos rondó en la cabeza,

nos envenenamos en un día cualquiera.

en una esquina de un callejón

alguien pide pan.

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poema emigrante

seguir una calle como un rastro

de un olor, de un sabor

sin importar demasiado a dónde conduzca

caminar en  la necesidad de liberarse de uno,

fuera de la jaula

recorrerte para olvidarme ,

salir de este mundo tan insportablemente mío

y quizás verte.

Podría ser que un calambre nos recorriera a todos

y las palabras fueran como pequeños dardos

con los que nos disparamos.

en el silencio se revela la intención del otro,

cuando todo pasa como un tanque

de rostros desconocidos, balbuceos incomprensibles,

al igual que en una película de cine mudo.

es necesario poder salir del lenguaje.

 

 

 

 

poema emigrante

la ciudad tenía un color plomizo

todas las nubes dejaban pasar la luz

como una isla de ladrillo, una jungla de gente

recorriendo todos los caminos.

chinos con flores, japoneses vendiendo sushi,

el humo del Doner kebab

bloques y más bloques idénticos

y flotando

por encima de todo :

la música

con su arquitectura perfecta .

 

 

sentarse en un banco

y dejar que la ciudad se pose sobre ti como un pájaro.

poema emigrante

tú me ofreciste

tu casa

tu compasión

un trabajo

bajo tu paraguas-país

mientras me mirabas con tus ojos azules

como un cielo limpio

me dijiste

que el trabajo y el pan

crean la paz

yo no quería ni tu casa, ni tu compasión, ni un trabajo

bato tu paraguas-país

solo quería ver tus ojos como un cielo limpio

cuando uno sabe que el trabajo

no crece de una semilla como el pan,

y que los paises se crean y se deshacen como el polvo,

uno prefiere caminar sin paraguas

poema emigrante

para tener el pan, hay que conocer la palabra pan,

pero no basta con conocerla, hay que decirla.

para decir el pan, no basta con decir el pan.

se necesita la p, la a, la n,

la boca, la lengua, los dientes.

Pero no basta pedir el pan, decir el pan,

para tener el pan,

hay que pagar el pan.

Cuando no se puede pedir, decir , pagar el pan

para tener el pan,

hay que mendigar el pan.

poema emigrante

El color de la piel cambia

con la latitud,

o con la altitud,

o con la actitud,

es decir:

a veces soy blanca y a veces soy negra.

Los emigrantes se agolpan bajo el puente,

como hormigas oscuras o heridas cavadas en la tierra,

-los puentes hay que cruzarlos con lluvia-te digo-

es más romántico.